El coche eléctrico lo tenemos que valorar el vehículo más antiguo que ha existido en este planeta. Previamente de que proliferaran los automóviles de carburante, osea, que funcionan con combustible, muy contaminantes para nuestro entorno, y muy criticados por el ruido que albergan. Aunque no lo parezca, en los inicios del s XX, los coches eléctricos podían ser mayoritarios en las carreteras de Europa, este acontecimiento fue la consecuencia de una razón, que han sido las novedades elaboradas en los campos de la electricidad y el hechizo que alcanzaron un grado nunca visto tiempos atrás, una de las pioneras aplicaciones a esos avances fue la de motorizar a los coches para aminorar los movimientos.

El primer coche eléctrico, conforme a los manuales, era el de Robert Davidson, que elaboró un acontecimiento impactante para aquellos tiempos, que una locomotora llegase una velocidad de 6 km/h con la suma de una batería compuesta por zinc y ácido, no usó el petróleo.

Enseguida se introdujeron la instalación de cables eléctricos para generar electricidad a los vehículos públicos de las ciudades para que se pudieran desplazar de sus ciudadanos a través de los tranvías y los trolebuses, todo de carácter eléctrico, sin embargo, aquello no era óptimo para los pequeños automóviles familiares ó profesionales, con ello, en el año 1835 más o menos un negociante de nacionalidad escocés de apellido Anderson y llamado Robert creó un carro con motor eléctrico de pequeñas medidas y bastante básicas.

Ya en el siglo XX los vehículos eléctricos eran los que mejor se vendían mucho más que los automóviles de motor de vapor ó los ya incipientes motores de gasolina, incluso ciertos modelos de esos automóviles eléctricos consiguieron el ritmo de los 100 km/h.

Los coches de gasolina de estos tiempos de principios del s XX, eran mucho más contaminantes que los de ahora, menos mal que existian escasas unidades en circulación y sólo en partes muy determinadas, además tenían diversos problemas como, por ejemplo, que se averíaban mucho por las vias, dejándote tirado en cualquier sitio, desprendían un ruido ensordecedor y había que ponerlos en marcha con manubrio, lo cual molestaba mucho a los propietarios porque advertía un esfuerzo intensivo a veces, por el contrario los propietarios del petróleo, los cuales podían ser las grandes empresas que comercializaban dicho líquido tan pegajoso y sucio, consiguieron hacerse con el sector del vehículo, consiguiendo desbancar al vehículo eléctrico, introduciendo el coche a propulsor de derivados del petróleo.

En dicha época el coche eléctrico era más fiable que el de fuel, no poseía marchas ni había que usar ninguna manubrio con objeto de arrancarlo, poseían un ritmo óptimo y del sonido no hablemos, ya que podían ser bastante más silenciosos que sus hermanos de petróleo, pero ya ahora en el s XXI tenemos que está regresando el vehículo eléctrico con más energía, pero todavía tiene bastante camino por ejercer para que por nuestras calles y carreteras encontremos vehículos de propulsor eléctrico.

Todavia tienen una gran fuerza en la tierra las empresas que controlan el combustible que son las que determinan tendencias a los territorios para que no se les acabe el chollo y seguir alimentando los propulsores con petroleo que varios le denominan el oro negro. Incluso tenemos que aseverar que la batalla no va a ser fácil, porque seguimos rastreando en este planeta canteras de este líquido que no solo es adecuado para hacer funcionar los propulsores con los turismos que nos movemos diariamente sino que además se utiliza para otro tipo de cosas como por ejemplo el plástico, muy común en muchos utensilios.

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